HE CHENG

El domingo no nos apetecía comer en casa. Le puede pasar a cualquiera. Era cuestión más de vagancia que otra cosa. Y eso se hace extensible a todo. Por eso decidimos lo más rápido y cercano: chino. ¿A cual? Hay tres cerca. Uno ya la conocíamos. Otro siempre está bastante lleno, y el último, casi escondido. Las razones por las que decidimos ir a este último escapan de más lógica que la del “a este mismo”.
Cuando llegamos, primera sorpresa. Hay dos puertas. Una de ellas, donde aparece el cartel en escritura románica, “HE CHENG”, parece cerrada hace mucho tiempo o está de reformas. La otra, justamente al lado, sólo aparece con el nombre en chino (y los kanji chinos no son mi fuerte). Así que suponiendo que se trate del mismo restaurante, llamémoslo He cheng. Al traspasar el umbral, otra sopresa, vemos que la decoración no es china, ni oriental, es espartana, casi mínima. Es en ese momento cuando piensas, “uy, dónde nos hemos metido, o esto es todo un descubrimiento, o es el chino más raro que he visto en toda mi vida”. Miramos alrededor, y primera pista: dos mesas están ocupadas por grupos orientales y comen de menu… Mmmm, esto pinta bien.
Nos sentamos, y cuando nos traen la carta, se va confirmando todo. Nada de los típicos platos de “chino” tipo arroz tres delicias o pollo con almendras. No, al contrario, platos típicos de la gastronomía china sin el tamiz de “adaptación” occidental que prevalecen en la mayoría.
Probamos con una sopa de tallarines y ternera (precio: 3′75 euros). Lo que te imaginas es lo típico de chino a la occidental: pequeño bol con unos cuantos fideos y sopa. Pero no. A la mesa nos acercan una sopera llena de tallarines (¡caseros, es espectacular!) y trozos de carne, y dos bols para que nos sirvamos nosotros mismos. Sin exagerar, cada uno llenamos tres boles de sopa. Estaba exquisita. Luego, caldero de patatas chinas, costillas a la pimienta, unos tallarines, de nuevo caseros, que nada tenían que ver con los habituales, con la verdura más cocida, con varios tipos de setas diferentes. Todo muy muy bueno y con un precio más que aceptable.
Mientras estábamos allí, vino más gente oriental a comer, todos ellos pidiendo de carta. Así que, por suerte, la comida del domingo fue de la opción “todo un descubrimiento”, un descubrimiento, por supuesto, para compartir: Carrer dels Enamorats, 139.
Nos haremos habituales, seguro.

He Cheng
© QDQ.com

Deja una Respuesta